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CUIDADOS  DE  LA  BICI

Es muy importante después de cada salida, sobre todo si has circulado por terrenos muy embarrados o polvorientos, darle un buen lavado a la bicicleta. Hay que evitar usar un chorro de agua demasiado fuerte ya que podría entrar en algunas partes mecánicas y dañarlas. Antes del lavado es muy conveniente aplicar un desengrasante a la parte de la transmisión (piñones, cadena y platos), para que suelte todo el exceso de porquería que se haya adherido a la grasa y aceite necesarios.

Después de haber dejado actuar el desengrasante, procederemos a limpiar la bicicleta con una esponja suave y jabón líquido. En las partes más recónditas como el cambio trasero nos ayudaremos de un cepillo pequeño, pudiendo valer un antiguo cepillo de dientes. Enjuagaremos la bici con agua limpia y volveremos a engrasar las partes de la bicicleta que lo necesiten. Usaremos aceite especial para cadenas para engrasar la cadena de la bicicleta y lubricante tipo 3 en 1 para el interior de las palancas de freno, los frenos anterior y posterior, los engranajes del cambio y los cables de freno y de cambio. Aproximadamente unas 2 ó 3 veces al año, procederemos a aplicar grasa sólida a la tija del sillín y a la dirección de la bicicleta.

Cada cierto tiempo conviene revisar las cubiertas para ver su desgaste y si llevan cualquier cuerpo extraño incrustado entre los tacos que pueda provocar un pinchazo o reventón. Se hace necesario llevar siempre la adecuada presión en los neumáticos, pudiendo desinflarlos ligeramente si vamos a montar por terreno agreste o rocoso a fin de evitar demasiado rebote en la conducción.

Será de indudable importancia también, revisar toda la tornillería de la bicicleta periódicamente, procediendo a su apriete si fuera necesario, no descuidándonos en potencia y dirección, ruedas, manetas de freno y cambio.