NIÑO, JUEGO Y ASMA

 

El juego ofrece al niño momentos felices a la vez que le enseña tolerancia, adaptación a los demás, resistencia al dolor y a los desengaños. Le enseña como soportar la derrota, así como a ganar. A través del juego con compañeros, puede apreciar y comparar sus habilidades y su autoimagen. El juego, en definitiva, le ofrece algunas realidades de la vida con la que tendrá que convivir en el futuro. Por eso, la actividad física debiera ser establecida como una necesidad y un deseo para cada edad en la infancia, y cuando se integra en ella el juego es habilitación y en según que ocasiones también terapia.

Los niños y adolescentes con problemas de salud físicos pueden perder esta opción de formación si no realizan esta actividad humana. Por supuesto, pueden llegar a ser adultos maravillosos pero esto requerirá mayor talento, adaptación y esfuerzo para desarrollarse emocional y socialmente.

En nuestro caso, en el niño con asma, los niveles de miedo y ansiedad experimentados durante un ataque son extremadamente importantes en el curso de la enfermedad. El miedo entre los ataques provoca ataques más severos y en consecuencia más frecuencia de hospitalizaciones. De manera que un círculo vicioso se pondrá en movimiento.

Este tipo de ansiedad disminuye espectacularmente con la práctica adecuada de una actividad física. Así, el círculo se rompe y se inicia una reeducación hacia el desarrollo físico y psíquico que debe ser progresivo y paulatino.